Caracas|Viernes, enero 19, 2018
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Izquierda o más izquierda 

Elias-Sayegh
Esta semana tuve la oportunidad de asistir, invitado por CINESA y CEDICE, a la presentación del documental sobre Carlos Rangel. La verdad es que poco había oído sobre este personaje, y ahora entiendo por qué. Carlos Rangel fue un gran periodista, muy incómodo para los políticos y gobiernos que hicieron de la izquierda y el populismo su dogma.
Hoy, después de la caída del muro de Berlín y las desastrosas experiencias que han tenido por todo el planeta quienes han aplicado un modelo de izquierda marxista como esquema de desarrollo, es muy fácil rechazar y argumentar por qué el marxismo no funciona y ha fracasado. (Tristemente nuestro país es de los poquísimos lugares del mundo en donde todavía se insiste en esta utopía). Pero en ese momento, en los años 60, 70 y 80 en que Carlos Rangel interpeló al modelo estatista, cuestionando profundamente postulados que para la época eran todavía válidos y vigentes. Fue una piedrita en el zapato que nadó contra la corriente cuando más fuerte arreciaba. Si se le hubiese hecho caso, nunca hubiésemos padecido este climax de la izquierda latinoamericana encarnado en el castro chavismo. Con toda seguridad el país estuviese muchísimo mejor.
En esto debemos ser muy claros. Hablando de la era democrática, en Venezuela siempre ha gobernado la izquierda. Más moderada o menos moderada, pero siempre gobiernos de izquierda. Nunca ha llegado al poder la derecha democrática, quizás porque ni siquiera ha existido o porque ha sido siempre incipiente. La democracia venezolana, con todos sus aciertos en la pacificación y estabilidad política del país, tuvo grandes lunares y uno de ellos sin duda fue el modelo económico.
Venezuela pretendió y sigue pretendiendo vivir eternamente del petróleo. El Estado se adueñó de nuestro principal recurso y con esto se convirtió en el principal empresario y motor de la economía. Por otro lado, la empresa privada siempre rezagada tuvo que conformarse con los espacios que el Superestado le fue dejando.
En cuanto al área empresarial, lejos de crear un clima de apertura y sana competencia, que genera productividad y eficiencia, se creó un esquema de monopolios que resultó en ineficiencia y corrupción. El empresariado nacional nunca quiso salir de su zona de confort, no quiso competir con las empresas trasnacionales y prefirió pactar con los políticos para que el Estado siga protegiéndolos.
Así, bajo las ideas de una izquierda atrofiante, se creó una conchupancia entre empresarios y políticos que no dejó al país avanzar.
Como todo, hay casos que constituyen excepciones a lo antes narrado, pero en líneas generales así fue como la sociedad de cómplices fue el caldo de cultivo perfecto para que no se produzcan cambios reales y todo permanezca igual. A finales de los 90, cuando el país se dio cuenta de que la izquierda moderada no estaba resultando, apostó por un “cambio” y paradójicamente se volcó aún más a la izquierda. Lo demás es historia y lo había predicho Carlos Rangel hace 40 años.

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